fecha: 2026-10-16

La religión Parte 3: creer en Dios a nuestra manera.

Conocer a Dios.

Yo no creía en Dios porque al igual que muchas personas no pueden separar en su mente a Dios de la religión, así que rechazar la una era rechazarlo todo, también creía que las situaciones que vivía no eran coherentes con la creencia que tenía, pero lo que no sabía es que es precisamente eso lo que me separaba de Dios, no conocerle e ignorar como se hace, porque una cosa es creer que Dios existe y otra es conocerlo y tener fe; una cosa es conocer todo lo que tradicionalmente hacemos y otra distinta es conocerle desde el corazón.

Tú puedes creer que existe Dios, pero aun así no tener fe, a veces hacemos incontables cosas para creer en Dios o demostrar que creemos en él, pero es precisamente esas cosas que hacemos automáticamente las que nos alejan de Dios, porque nos acercamos a el de la manera en que inconsciente o conscientemente creemos que debe ser, pero no es la manera en que él quiere que nos acerquemos.

En otras ocasiones no vamos más allá, porque queremos creer en un dios a nuestra manera, no queremos incomodarnos, exponernos, queremos tener el control de lo que somos, pero todo esto nos habla del orgullo de controlar nuestra vida, queremos controlar hasta como debe ser nuestro dios y como nosotros mismos definimos como creer en él, y ese precisamente es el error.

Primero es ese orgullo el que no nos deja conocerlo y tratamos de arreglarlo con una manera de expresarlo, pero que es propia de nuestro pensamiento, la segunda es que aceptamos todas estas conductas y pensamientos sin cuestionarlas, así es que tradicionalmente lo hacemos mal y culpamos a Dios de lo que nos pasa, porque no lo entendemos, ni nos acercamos a el de la manera correcta; ignorar esto, ya sea por orgullo o propio desconocimiento, es la distancia que nos separa del amor de Dios.

Pero todo cambia cuando entendemos que Dios no es religión, cuando podemos dimensionar esa separación, que la parte contraria a la religión es la comunión, y eso es a lo que estamos invitamos a practicar, no es una vida religiosa, sino conocer y tener a Dios en nuestra vida mediante la comunión.

Las respuestas correctas a nuestras confusiones e ignorancias, son las que eliminan esas barreras que hemos puesto a lo largo de nuestra vida, para separarnos de un Dios que no conocíamos o que habíamos definido en base de las situaciones que hemos vivido en nuestra vida, a quien habíamos culpado, malinterpretado o desprendido de nuestro deseo humano, la confusión con nuestra manera de acercarnos a él por medio de la religión nos pudo haber alejado más.

Pero es la comunión y de la manera en que él quiere que nos acerquemos a él, para eso debemos acercarnos con confianza, con humildad y con disposición, un corazón dispuesto para ser transformado, hay que dejar el orgullo de no querer soltar el control de nuestra vida para que sea Dios quien nos transforme en una mejor persona, porque Dios no transforma para mal, sino que él conoce lo que es mejor para nosotros, incluso cuando no lo entendemos en el momento.

No podemos acércanos a Dios primero religiosamente, segundo de la manera en que nosotros queremos y tercero para obtener lo que solo nosotros queremos, porque Dios tiene un atributo del cual hablaremos después, que es la soberanía, al hombre le fue dado administración (principio de mayordomía) pero la soberanía es de Dios.

Acércate a Dios en comunión, crea una relación con él y no te pierdas de sus bondades, puede que estés llevando una vida sin rumbo y con todas las cargas del mundo por no conocerle, no porque te libre de las dificultades, sino que te acompañe mientras las enfrentas con fe y esperanza, haciendo memoria de sus promesas a quienes le aman.