fecha: 2026-09-18

La supremacía del hombre machista.

Desviados de la razón.

Creo que el machismo es la desviación de la naturaleza varonil más allá de lo razonable, nosotros como hombres tenemos una identidad y unas características propias, que forman esa razón y esencia de ser un hombre.

La forma de ser un hombre además de serlo físicamente, que no cambia, es precisamente sentirse hombre y en ese sentirse, puede estar influenciado por lo que creemos que es serlo o por algún otro pensamiento que las personas decidan creer.

En esta entrada hablaremos de la percepción hacia arriba de lo que algunos piensan que es ser un hombre.

Es cierto que hemos sido dotados de fuerza y practicidad, por eso algunos piensan que la fuerza y el sometimiento a los demás es una característica natural; pero no es así, el machismo es ese sentimiento de ser hombre mezclado con una errónea definición de lo que significa, más la suma del orgullo, el ego y la altivez.

No solo se es machista con las mujeres, sino que entre los hombres suele surgir el machismo, la competencia por ser el más fuerte, el más capaz, el primero, el de arriba y el de abajo, que una persona no puede permitir que la otra ofenda su orgullo, su ego, su sentimiento de superioridad.

Parte de esto es lo que nos ha llevado a muchos conflictos entre los hombres, por demostrar quien es más hombre, quien es superior.

Este comportamiento de supremacía machista, es una equivocación errónea de la verdadera masculinidad; usar la fuerza para someter a los demás, lastimar psicológicamente a otros y de creer que las mujeres deben estar sometidas a nuestra voluntad por parecer menos fuertes, usar la violencia para convivir, hacer callar o no permitir decisiones propias.

Los hombres tenemos una identidad de liderazgo, pero ese don no es para someter y doblegar, es para usarlo con amor, con respecto y comprensión; nuestras capacidades naturales nos fueron dadas para usarlas con sabiduría, en la edificación de las personas que nos rodean, completarnos con las capacidades de otros, pero siempre valorando la humanidad y dignidad del otro.

Si utilizas tu fuerza para maltratar a una mujer, la mujer que es tu esposa o cualquiera que sea, o, utilizas las palabras para lastimarla psicológicamente, no estás siendo un hombre, te estás convirtiendo en un monstruo y necesitas ayuda.

Ser hombre y tener fuerza, no significa no tener límites, jamás el maltrato y la violencia te hará más hombre, sino que te está desviando de lo que realmente significa serlo.

Déjame decirle, cada vez que maltratas a tu esposa, estás dejando una herida más, en el alma de tus hijos, porque como lo hemos dicho, cada ser tiene un papel, y además de ser mujer, es madre, y la madre es el mayor amor de sus hijos, cada vez que la lastimas, los lastimas a ellos y los marcas de por vida.

Deja de creer que ser hombre tiene que ver con ese orgullo, ego y altivez que sientes, las acciones más humildes y nobles que hagas, harán que te recuerden como el hombre de la casa o el buen hombre que fuiste, porque actuaste para cumplir con el papel que Dios te ha dado.

Inseguridades, miedos y orgullo, alteraciones que pueden llevarte actuar de una manera insensata y desproporcionada, que le hacen daño a las personas que te rodean, actuando como un supremacista, una persona que se cree superior porque su propia concepción de ser hombre, lo lleva a pensar que todo y todos deben someterse a él.

Lidera con diálogo, permite con seguridad y confianza, decide y determina por el bien de los que amas o el bienestar común, no por el orgullo de ser tú, ten el carácter cuando sea necesario, pero sin lastimar, actúa para el bien, construye, provee y lidera, la mejor manera de usar tu fuerza es no usarla, sin dejar de ser una característica de ser lo que eres; recuerda que la mansedumbre no es ser pasivo, es tener el control sobre los impulsos, para el bien de todos los que has decidido amar, cuidar y proteger, mantén tu identidad y tu fuerza firme, pero sin girar en la supremacía.