fecha: 2026-04-03

Semana santa para reflexionar.

Una semana para pensar.

En esta semana de tradiciones y fe, aunque no tiene nada de malo conmemorar, dedicar días al señor, debemos ser conscientes de lo que estamos haciendo:

Jesús no se crucifica cada año, fue una vez y para siempre, la obra de cristo fue hecha y permanece por la eternidad, la conmemoración no es acto de suceso actual, sino el recuerdo del sacrificio de aquel único Dios y hombre que pudo obrar para darnos lo que nosotros no podemos alcanzar.

Jesús no está colgado en un madero todo el año, como algunos acostumbran a tener su imagen, sino sentado a la diestra del padre, su posición es de victoria, porque él venció y ascendió a las alturas, permanecer colgado en un madero significa que ahí termino, pero no es así, no está colgado porque él venció.

Jesús no solo murió por ti, murió y resucito para salvar tu alma, venciendo la muerte; su capacidad divina es lo que le permitió cargar el pecado de todos, de ese momento y de todos los que vendrían(no significa universalismo), sino que cargo, murió, pero la verdad sigue después de esta afirmación y es que también resucito, se levantó y estableció su victoria para salvar tu alma, venciendo la muerte, la cual sepultaba a los hombres sin la esperanza, pero al vencer y resucitar, nos dio esa primicia de la victoria de Dios sobre la muerte y la gracia a los hombres, de que un día por él y por medio de él también seremos levantados de la muerte física, para jamás volver a morir.

Jesús es más que una semana de tradición, lo que hizo nos acompaña todos los días; es curioso observar como algunas personas dedican gran devoción a esta semana, pero llevan todo el resto de año apartados de la comunión, no quiero sonar con juicio sobre esta conducta, que bueno que lo hagan y ojalá puedan enamorarse esta semana de Dios, para que él pueda transformar su vida, lo que pretendo es que seamos conscientes del tipo de fe que estamos viviendo: una fe tradicional o una fe de comunión.

Jesús no es algo que se hace dos o tres días al año, es nuestro salvador, redentor y maestro; es quien nos inspira a ser mejor, a quien seguimos como ejemplo de vida, en quien confiamos y en el que creemos para recibir salvación, acercarnos a Dios padre y recibir las promesas que Dios ha hecho a quienes le aman.

Las cosas no son tan santas como él, solo él merece la devoción, la gloria y la honra; él es la razón por la que no hacemos sacrificios de animales, ni rituales; podemos hacer conmemoraciones, pero la santidad no radica en las cosas materiales, sino es su persona, porque en él se ha consumido el plan de Dios para los hombres y todo lo que en el pasado se hacía para poder acercarnos un poco a Dios, en él han sido cumplidas, por eso él es el único intercesor, el único medio y en él cae el reconocimiento como nuestro señor, los rituales y las tradiciones, como la ley y las profecías están hechas en el poderoso nombre de Jesucristo rey y señor nuestro.

“Yo no estaba en el edén y heredé la culpa, pero tampoco estaba en el calvario y heredé la gracia” – Billy Graham.

“El evangelio destruye mi orgullo porque me dice que estoy tan perdido que Jesús tuvo que morir por mí” – Timothy Keller.

Jesús murió y resucito para: darle la gloria a Dios (Mateo 26:39, Juan 17:1), perdonar tus pecados (Efesios 1:7, Colosenses 2:13-14), justificarte delante de Dios (Romanos 5:1, 2 Corintios 5:21), darte vida eterna (Juan 3:16).