fecha: 2026-01-03

La degradación de la política.

Oprimen nuestras mentes.

La libertad es un anhelo humano, un acto que busca que todos seamos libres de la opresión, pero la opresión es astuta, ya no solo oprime nuestras voces y cuerpos, sino que en estos tiempos ha llegado a oprimir nuestras mentes.

La manipulación, la insensatez, la ingenuidad, el engaño y la mentira, abundan, parece que ya no se enseña, ni se tiene temor a estas prácticas que degradan nuestra sociedad, que incrementan la injusticia, la violencia, la corrupción y la venganza.

Un pueblo que siente injusticia se vuelve violento; en nuestra sociedad las instituciones oficiales han dañado su reputación por metido de la corrupción, gente que trabaja en estas entidades sin principios, ni ética, y la poca confianza en la institucionalidad hace que el sistema falle.

En unos casos la corrupción hace que sea difícil confiar en la institucionalidad, en otros se ha hecho de tanto poder que ha oprimido a su propio pueblo; hay medidas en que la libertad nos ha servido para construir el progreso y desarrollo, en otros esa misma libertad nos ha llevado al declive de la sociedad misma.

Lo cierto es que la sociedad política y económica vive ciclos de subidas y bajadas, y en algunas ocasiones los mismos que dirigen las instituciones son las que actúan para moldear esos cambios que se producen en ella, crear un problema para después ofrecer una solución, brindar un beneficio para subir el apoyo y ganar aceptación, prefabricar historias y relatos para cambiar la percepción de la verdad, señalar a los otros de los propios errores, generar miedo para crear pánico colectivo e influir una acción en cadena etc.

Hoy la política parece que ya no es el arte de vivir en comunidad y de garantizar el bienestar de la sociedad mediante la regulación, sino de acumular poder y moldear una multitud de adeptos para aferrarse a él.

El principal papel del estado es cuidar la sociedad en sus diferentes áreas, haciendo balance en todas, estableciendo puentes y diálogos, soluciones estratégicas y profundas, conociendo las realidades de los territorios, garantizando derechos, la constitución, el orden y la libertad.

Pero que triste es ver en pleno siglo XXI resurgir movimientos que instan a la violencia, a la imposición, modelos que reprimen las libertades, no solo de izquierda, sino también de derecha, vemos como esto se volvió ya un juego del más astuto, del que más pueda manipular, eso es una falta de respeto contra la sociedad misma.

No se está llevando un debate intelectual y razonable, sino una cortina emocional para una nación reactiva, especulativa y entretenedora.

Ya no hay debates respetables, ni ideas o propuestas seriamente estructuradas, sino campañas de desinformación que confunden y llevan miedo a la población civil.

En medio de todas estas prácticas, veo con tristeza como nuestras naciones se inclinan por las ideas que más nos oprimen, nos manipulan y nos pueden llevar a perder la libertad de tener el control de construir nuestra propia nación, que triste es ver que en muchas ocasiones debemos escoger por él menos peor.

Odio que me manipulen, que me engañen, que me traten de utilizar, como sé que ustedes también lo odian, todo lo que esta gente hace tiene una intención, tomemos tiempo para analizar lo que quieren que creamos, para pensar en nuestras responsabilidades como ciudadanos más allá de mi beneficio personal, porque estamos construyendo un país no solo para nosotros sino también para nuestras generaciones.

Hoy el gobierno de los Estados Unidos se llevó a Maduro de Venezuela, ningún país debería intervenir en otro, pero a veces esa clase de líderes políticos que oprimen a su pueblo, destruyen su sociedad, se aferran tanto al poder mediante un número de adeptos que no pueden ver más allá de sus aciertos y negar sus errores, celebran como títeres sus estupideces, junto con el poder militar destruyen una sociedad y amenazan a nuestro continente.