Hay personas que se afligen porque no tienen la misma cena de navidad del año pasado o años anteriores, mejores regalos o prendas, cuando deberíamos dar gracias por lo que tenemos, ser agradecidos con Dios, porque tenemos así sea poco, lamentarse porque nos aferramos a lo que estamos acostumbrados, porque no tenemos el mismo nivel que el año anterior, aferrarse a lo que se estaba acostumbrado no permite ser agradecido. Pablo en Filipenses nos enseña que uno debe ser agradecido en lo poco o en lo mucho, ninguna situación debe quitar la acción de gracias, en la abundancia o en la escasez, hay que dar gracias a Dios, si no fue hoy, será después, pero igual, gracias. Si uno tiene bueno, si no también, poder resolver con algo, ya es motivo de gracias, esto no quiere decir que uno no se esfuerce, no se proponga o sea conformista, sino que nos da la paz contra aquello que no podemos controlar. Hablamos de esas cosas que no son importantes, y de las personas que se afligen si no las tienen, y realmente si las tienen, pero no como ellos quisieran, de manera exagerada. En la vida es bueno proponerse cosas y lograrlas, pero hay muchas de esas cosas que no son tan importantes como las verdaderamente valiosas en la vida, de las que uno no debería querer morir si no las tiene; en momentos estamos tan enfocados en el mañana que no nos damos cuenta de lo que ya hemos logrado, de donde ya estamos parados y disfrutar lo que tenemos, esa distracción mental es la que no nos permite agradecer, disfrutar hoy y apreciar lo que nos rodea. Hay que dar gracias en lo poco y en lo mucho, porque hay que ver lo bueno que tenemos, lo más importante, no dejarse llevar por anhelos, sino por lo valioso, agradecer y entender que eso que no tuve o no logre, me prepara para intentarlo nuevamente y que gracias a Dios estoy en una buena posición para entenderlo y para poder seguir adelante. Cuando se puede bueno, cuando no también, esa paz y ese entendimiento es valioso, dar gracias en todo momento, agradecido con Dios, porque hay alimento, porque no estamos en una clínica, en una cama, en un funeral, y aunque estuviéramos pasando por momentos difíciles recordemos que él es nuestro refugio, poco o mucho hay que dar gracias y reconocer que en medio de las dificultades en él esta nuestra esperanza. Si no se pudo este año, será el otro, pero lo que tenemos es suficiente para agradecer; está bien superarse, crecer, pero cambiar la gratitud por la lamentación, porque no tenemos lo que pensábamos que debíamos tener todos los años, no es una actitud que nos ayude a construir nuestra vida espiritual, sino que nos ciega a ver lo que ya tenemos y de lo realmente valioso que podríamos perder. El agradecimiento te abre los ojos a apreciar lo verdaderamente valioso, a disfrutar de lo que ya tienes y con los que te rodean, a ver el lado positivo de las cosas, al aprendizaje, a las oportunidades y seguir adelante con la actitud correcta para seguir trabajando en tus metas.